Autor: Miguel Ángel Martínez Martínez
Resumen
Durante la Guerra Civil, el Gobierno republicano aprobó normas para desarrollar dos campañas contra el analfabetismo en España. Analizaremos las características de estas órdenes ministeriales y el entorno cultural el que se promovieron. Igualmente destacaremos la labor del Ministerio de Instrucción Pública y de Sanidad reflejada en la Gaceta durante las primeras semanas de 1939 y, finalmente, referiremos algunos datos sobre la figura del maestro de Sallent, que impulsó la segunda campaña.
Una de las últimas disposiciones normativas del Ministerio de Instrucción Pública y de Sanidad del Gobierno de la Segunda República consistió en regular un nuevo Plan de Alfabetización. Mientras los franquistas bombardeaban pueblos, ciudades y a una población aterrorizada que huía hacia las fronteras; mientras ya nadie esperaba que los últimos esfuerzos militares de la República evitaran el desastre, el equipo ministerial continuaba considerando que la paz se construiría necesariamente sin venganza y con el suficiente nivel cultural del que adolecía gran parte de la población española.
Tanto el ministerio del comunista Jesús Hernández, como el del cenetista Segundo Blanco realizaron una labor legislativa enorme a pesar de las terribles circunstancias en que se desenvolvieron y de las diferentes visiones ideológicas que ocasionaron numerosos conflictos. Años más tarde vendrían análisis y autobiografías, en el primer caso; un silencio inexplicable para el segundo ministerio, aunque, poco a poco, nuevos estudios están desvelando la enorme calidad de las propuestas pedagógicas respecto a la tarea desempeñada por Blanco y, especialmente, por Puig Elías, Subsecretario del Ministerio.
Al comenzar el siglo XX, sobre un total de 18.618.086 españoles, la población analfabeta era de 11.875.790; es decir, un 63,78 % de la población no sabía leer ni escribir. Si a ello sumamos la población semianalfabeta (considerando que nos referimos a un sector que aprendió a leer, pero no a escribir), el índice resulta abrumador y muy alejado de los principales países europeos de aquel periodo.
En 1920, la población aumentó en algo más de dos millones, mientras que el analfabetismo se había reducido en 700.000 personas, aunque la tasa del 52,22 % continuaba siendo enorme. Las consecuencias para el crecimiento cultural, la igualdad económica y de género, la formación profesional que permitiera la modernización del país y la mejora en las condiciones de trabajo, así como el acceso a formas democráticas de expresión y representación quedaban cercenadas irremediablemente. De alguna manera, esta inacción del Estado llevó al movimiento obrero a buscar sus propias vías de formación en las distintas agrupaciones.
El trabajo educativo de la Segunda República, especialmente dirigido por hombres y mujeres de la Institución Libre de Enseñanza, consiguió aumentar la asistencia a la escuela obligatoria de niños y niñas, además de reducir el analfabetismo al 28 por ciento.
El golpe de Estado contra la República pudo significar el cese de los significativos avances culturales y científicos que experimentaba la sociedad española, pero, a pesar de las dificultades que una guerra conllevaba, los partidos y sindicatos consideraron que la cultura no podía ser olvidada, ya que en ella se diferenciaban identitariamente los contendientes, que en ella se depositaban los cimientos de los valores más humanos y democráticos que permitirían establecer una sólida paz en un futuro.
Solo así se explica que hasta el último momento de la guerra, la Gaceta de la República continuase publicando órdenes, instrucciones y resoluciones que afectaban al Patrimonio, al magisterio y a las escuelas. Y cuando el Gobierno hubo de abandonar Barcelona, una Gaceta madrileña continuó publicándose bajo el amparo del denominado Consejo de Defensa hasta unos días antes de la entrada de las tropas franquistas por el Puente de Toledo. Se ponía fin a la guerra, pero comenzaba uno de los periodos más reaccionarios para la cultura y las libertades en la reciente historia de España.
¿Cuáles fueron las medidas más importantes durante la contienda en materia de lucha contra el analfabetismo adoptadas por el Gobierno y las entidades políticas y sindicalistas? La República y las distintas organizaciones sociales asumieron una lucha en el frente y una acción educativa que pretendía, entre otros objetivos, la atención a la infancia, la erradicación del analfabetismo y el acceso de la mujer a la formación en todos los órdenes culturales y profesionales.
Para comprender las dificultades que suponía organizar dos campañas contra el analfabetismo, necesitamos exponer las otras acciones “en un complejo entramado educacional”, como señala Fernández Soria, llevadas a cabo desde las organizaciones de la España republicana. Citemos tan solo algunas de las múltiples acciones:
Milicias de la Cultura. Mediante Decreto 30 de enero de 1937, el Ministerio de Instrucción Pública organizó las Milicias de Cultura. Se trataba de crear en todos los frentes, en todas las compañías y unidades militares un servicio escolar, un aula donde maestros e instructores designados pudiesen enseñar a leer y a escribir o profundizar en algunos conceptos básicos a los soldados. En lo posible, estas Milicias fueron dotadas de material escolar específico, destacando la cartilla antifascista como herramienta básica. Contaban con la publicación Armas y letras
Clubs de educación. Impulsados por las Juventudes Socialistas de Santiago Carrillo con la finalidad de que en cada brigada se pudiera enseñar a leer y escribir, ofrecer una capacitación técnica, organizar actividades artísticas, deportivas, lúdicas y conferencias.
Institutos de segunda enseñanza. En algunos centros se desarrollaron cursillos para enseñar a leer y escribir, así como otras enseñanzas.
Los ateneos libertarios. Los sindicatos de la CNT y las Juventudes Libertarias organizaron escuelas nocturnas, de una hora y media para instruir o alfabetizar a los mayores de 14 años.
Cultura Popular. Fue una organización que repartía bibliotecas entre las unidades militares. María Moliner fue la encargada por el Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico de las Bibliotecas escolares. Así, no solo en las trincheras, también en los Hospitales de Sangre y en todas las entidades que lo solicitaran se desplegó un servicio bibliotecario sin precedentes.
Universidades Populares. Impulsadas a principios de siglo en Valencia (1903) por el escritor Blasco Ibáñez, dando lugar al establecimiento de otras por diferentes ciudades, adaptando sus clases a las condiciones y necesidades derivadas de la guerra.
Mujeres Libres. La organización libertaria de mujeres propició cursillos para alfabetizar, de puericultura, de capacitación profesional, conferencias, revistas y exposiciones.
Otras iniciativas de partidos y sindicatos, tanto en los frentes como en retaguardia: Escuela de cultura (Partido Sindicalista); Brigadas de la Cultura en el Campo; Instituto Hogar agropecuario; Milicias contra el analfabetismo en Aragón, Institutos para obreros en varias ciudades.
Primera campaña contra el analfabetismo. Las Brigadas volantes.
La Orden del Ministerio de Instrucción Pública que creó las Brigadas Volantes fue publicada en Valencia en la Gaceta de la República núm. 264, de 21 de septiembre de 1937.
En su introducción insiste en que la guerra no puede ganarse solo mediante acciones bélicas, recogiendo “la necesidad de aprovechar los momentos actuales, de exaltación del afán de cultura de nuestro pueblo, para combatir de un modo intensivo la lacra del analfabetismo, heredada del pasado, hasta su total extirpación”. El ministerio justifica que, basándose en la breve experiencia de las Milicias de la Cultura se aconseja “crear un Cuerpo de instructores que vayan hasta los rincones más aparta dos de nuestro territorio a enseñar a los analfabetos adultos a leer y escribir y a iniciarlos en los rudimentos de la cultura”.
Las Brigadas volantes dependían de la Dirección General de Primera Enseñanza y su acción se desarrollaría en la retaguardia, especialmente en el campo, teniendo como función enseñar a leer, a escribir y proporcionar los “rudimentos de la cultura”.
Las Brigadas estuvieron compuestas por voluntarios y voluntarias, principalmente pertenecientes a las organizaciones juveniles y femeninas, estableciéndose como límite de edad para su ingreso los dieciséis años. Debían acreditar, de cualquier manera posible que poseían la suficiente capacidad para cumplir su voluntariado, sin necesidad de exigírseles título específico. Se les gratificó con doscientos cincuenta pesetas mensuales ( muy alejado de lo que era el sueldo medio de un docente). El Ministerio se comprometió a proporcionar una cartilla escolar (probablemente la conocida como Cartilla escolar antifascista), así como otros libros y materiales.
La Dirección General de Primera Enseñanza quedaba autorizada para dictar disposiciones complementarias que mejorasen la Orden y que permitieran establecer una inspección capaz de asegurar el eficaz funcionamiento de las Brigadas.
Días más tarde, la Gaceta de la República nº 284, del 11 de octubre de 1937 recoge las instrucciones que firma en Valencia, 8 de Octubre de 1937. P. D., H. ROCES Señor Director general de Primera Enseñanza.
Establecía la Primera campaña de lucha contra el analfabetismo “a fin de llegar con toda la rapidez posible a la liquidación efectiva de esa lamentable herencia del antiguo régimen”. Se enfatiza la diferencia entre el pasado y la modernidad que suponía la República. Se hace un llamamiento general para que colaboren todos los elementos capaces de contribuir a tal fin, que considera “ un empeño de vital importancia para el porvenir de nuestro pueblo”. Guerra y cultura se unen en los fines. De nada serviría una victoria militar si, posteriormente, quienes deberían organizar la paz no disponían de los instrumentos necesarios.
Se circunscribe la campaña a la denominada retaguardia, especialmente en las zonas rurales de mayor densidad de analfabetos, extendiéndose desde el 1 noviembre de 1937 al 31 de marzo de 1938; es decir, menos de un curso, lo que conllevaría una intensísima actuación con la necesidad de contar con un grupo numeroso de brigadistas. En el frente trabajaban otras organizaciones para erradicar el analfabetismo y se trataba de hacer lo mismo en los pueblos y ciudades implementando la labor de los maestros nacionales y de otras entidades obreras o políticas y culturales.
Para “controlar”, unificar e impulsar esta campaña se nombrará un Inspector general de primera enseñanza “ y tendrá a su cargo la unificación de los datos estadísticos referentes a personal, clases que funcionan, número de alumnos que asistan a ellas, número, de analfabetos que dejen de serlo, el control de todos los servicios y personal afectos a la campaña”. Se trataba de cumplir con la norma, de ofrecer datos concretos que permitieran evaluar las distintas acciones y el trabajo desarrollado. Solo así se podría justificar una partida presupuestaria en momentos de guerra.
La Inspección debía nombrar al personal que se encuadraba en las Brigadas volantes, encargándose también de la propaganda y proporcionando instrucciones para cumplir los fines perseguidos.
Para llegar a todo el territorio republicano, los directores provinciales o las juntas de inspectores, nombraban al inspector encargado de la campaña de alfabetización en la provincia. La labor de este inspector sería clave, pues debía designar en cada pueblo al responsable directos de las clases ya desempeñadas por maestros nacionales o por los voluntarios de las Brigadas volantes.
Los maestros adscritos a la Inspección especial recibirían un suplemento de 200 pesetas, mientras que los designados en cada localidad percibirán 150 pesetas mensuales.
Para iniciar la campaña se necesitaba un estudio previo, del que se encargarían los directores provinciales o los Inspectores jefes que debían aportar el número de clases necesarias para organizar en cada localidad en función de la densidad de población analfabeta; igualmente, deben aportar el número de personal de Brigadas volantes que se precisasen para impartir las clases.
La precaución que recogen las instrucciones se centra en que todas las medidas proyectadas se realizarán en función de las posibilidades presupuestarias.
Al igual que con el voluntariado de la Brigadas volantes, se pretendía implicar al mayor número posible de entidades educativas para conseguir los máximos objetivos. Por ello, contra el analfabetismo se demandaba la colaboración de las Escuelas Normales, los Institutos de Segunda Enseñanza, las denominadas Escuelas de Trabajo y otros centros, para que también en ellos se organizaran clases o cursos nocturnos.
Días más tarde, el Ministerio de instrucción Pública y Sanidad publicó en la Gaceta del 20 de octubre de 1937 núm. 293 nuevas instrucciones firmadas por el Director General de Primera Enseñanza para complementar las refrendadas por la Orden del 8 de octubre. Se trataba de aclarar algunos puntos y de delimitar las funciones de maestros y brigadistas.
A lo largo de nueve puntos se estableció que el Inspector al que correspondía este servicio debía cumplir varios requisitos como eran el conocimiento de la provincia y las condiciones personales. Estos Inspectores provinciales elegían a maestros con reconocida competencia profesional y leales a la República para “orientar e impulsar eficazmente la lucha contra el analfabetismo”. Se determinó que en los pueblos con un solo maestro éste se haría cargo de las clases para analfabetos. Cada responsable local coordinaba al personal de las Brigadas volantes que le fueran destinados. Las funciones de los brigadistas, además de enseñar a leer y escribir, deberían llevar un registro de las personas a quienes instruye “y de los que aprendan a leer y escribir” para confeccionar las estadísticas necesarias y recoger así el resultado de la campaña. En cuanto a los maestros nacionales que tras las clases en primaria se ocupaban de la alfabetización, también debían llevar al día un registro del alumnado analfabeto. Estos maestros alfabetizadores podían beneficiarse en el caso de solicitar traslados u otros beneficios.
Para atraer a la población analfabeta, tanto la Inspección como los maestros y los brigadistas tenían que recurrir a la propia iniciativa, organizando actos de propaganda, impulsando acciones conjuntas con las organizaciones sindicales, políticas, culturales, juveniles y femeninas. Al igual que los maestros, los brigadistas también debían controlar el número de asistentes a las clases, así como el de abandonos.
Como las Brigadas estaban compuestas de un voluntariado joven o sin experiencia docente, se determinó que las inspecciones realizaran una labor de orientación sobre los “procedimientos más rápidos y eficaces para enseñar la lectura y la escritura a los adultos” con una metodología apropiada, rechazando para el alumnado adulto la reproducción de la empleada en la escuela primaria. También los inspectores determinaban el número de clases, de horas y el momento del día para organizar a las Brigadas volantes, teniendo en cuenta las jornadas laborales de los obreros y campesinos. Incluso se planteó la posibilidad de que las Brigadas se trasladasen a los lugares de trabajo para impartir allí mismo las clases. De esta forma el aula que las Milicias de Cultura organizaban en los frentes para los soldados se reproducía en las fábricas y en los pueblos de la retaguardia gracias a las brigadas voluntarias.
La insistencia en analizar qué sucedía en las clases para asegurar la eficacia de la campaña obligó a los responsables de cada localidad a redactar informes mensuales: número de clases, personal, alumnos, resultados. Y los inspectores provinciales debían elevar informes de cuanto sucedía a la Inspección central.
Las clases contra el analfabetismo se destinaron a alumnado mayor de 14 años, para hombres y mujeres conjuntamente, estableciendo el mínimo de alumnado entre 10 y 40, salvo en los pueblos en los que solo hubiera un maestro nacional, donde la cifra podía ser menor. Las clases duraban una hora y media, dividiéndose el tiempo en lectura, escritura de la lengua; lectura y escritura de cantidades y operaciones aritméticas fundamentales; mientras que la última media hora se dedicaba a contenidos que resultasen interesantes a los adultos para lo que se debía utilizar la prensa, las revistas ilustradas, organizando charlas sobre temas de interés local o general, redactando correspondencia con parientes o amigos, ofreciendo consejos para el cuidado de los hijos y efectuar adecuadamente las labores domésticas. La importancia que se daba en educación a la puericultura, la salud y la higiene fue una constante en estos años. Se trataba de organizar una enseñanza práctica, con centros de interés y con características muy relacionadas con la escuela racionalista y la Escuela Nueva. Todas las necesidades materiales tenían que comunicarse a la correspondiente Inspeccion, que valoraba las peticiones.
César García Lombardía, maestro de Carabanchel, que en estos momentos desempeñaba el cargo de Director General acordó que para incorporar a los elementos más jóvenes a la campaña, los brigadistas debían tener los dieciséis años
Segunda campaña contra el analfabetismo
La Gaceta de la República, núm. 362 de 28 de diciembre de 1938 publicó la Orden firmada por Juan Puig Elías, Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública regulando la segunda campaña nacional contra el analfabetismo.
La orden se encuentra reproducida igualmente en el Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara núm. 8, 19 de enero de 1939 ya que los contenidos de la Gaceta se publicaban en los boletines de las distintas administraciones locales y provinciales.
Nuevamente se fija el plazo para desarrollar la campaña, que abarcaba únicamente cinco meses del 1 de enero al 31 de mayo de 1939. Según Safón, probablemente utilizaban el método Freinet, calculando que tardaban seis semanas en ser alfabetizados. Un plazo optimista, tanto para consolidar aprendizajes como por el desarrollo de la guerra. Se designaba un inspector especial para controlar las clases para analfabetos.
Fueron las Inspecciones provinciales las encargadas de establecer el número de clases y de maestros y maestras nacionales para atenderlas en función de las personas inscritas. El número de maestros y de clases no podría ser superior al de la anterior campaña. En el caso de haber varios maestros en la localidad, uno se hacía cargo de los analfabetos y otro de quienes deseaban implementar su formación.
Para reducir el aun elevado número de población analfabeta y con los maestros jóvenes en los frentes, se necesitaba seguir contando con las Brigadas volantes, que intervenían ante la falta de maestros o si el número de estos resultaba insuficiente. Para formar parte de una Brigada se debían cumplir los requisitos de la primera campaña y contar, sobre todo, con la edad de dieciséis años. Sin embargo, en la orden se insiste en la necesaria flexibilidad debido a las circunstancias, de manera que bastaría cumplimentar adecuadamente una solicitud dirigida al Director provincial de Primera Enseñanza. Aunque escaso, pues no olvidemos que se trata de un trabajo voluntario, los brigadistas recibían un emolumento.
Con esta Orden se trataba de dar continuidad a la primera campaña que había finalizado unos meses antes y cuyo éxito, si bien resulta difícil confirmar, no cabe duda que el número de clases y de alumnado participante, así como el de enseñantes fue elevadísimo. Ramón Safón escribe que entre los maestros del Gobierno y los de las Brigadas volantes se dieron clases a un total de 122.553 alumnos, siendo unos 1.000 los brigadistas. Safón señala que hubo 407 clases confiadas a los brigadistas.
La lucha en los campos de batalla fue acompañada de un esfuerzo cultural ingente, con visiones en muchos casos propagandísticas y partidistas, aunque en ningún caso desmerece el intento por vencer militar y culturalmente, tanto en los frentes como en la retaguardia.
Tras la publicación de la Orden que diseñaba la segunda campaña contra el analfabetismo, en unas semanas el Gobierno republicano cruzó la frontera, Cataluña fue ocupada y la guerra finalizó. No hubo tiempo para más normativa.
Puig Elías
Muy conocida es la figura del Ministro Jesús Hernández, miembro del Partido Comunista y bajo cuyo mandato se iniciaron la mayoría de las actividades alfabetizadoras desarrolladas durante la guerra. Pero, desde abril de 1938 el relevo en el cargo recayó en Segundo Blanco, un maestro y destacado cenetista asturiano, aunque detrás de la legislación de su ministerio se hallaban las ideas y la firma del maestro Juan Puig Elías. Conviene exponer algunas de las ideas y rasgos biográficos de Puig, a pesar de las controversias surgidas entre cenetistas y comunistas, pues en nada desmerecen el trabajo a favor de la enseñanza de la infancia y de las personas adultas, del cuidado que pusieron para evacuar a miles de niños y niñas, alejándolos del terror de una guerra y, además, de acciones que trataban de modernizar una enseñanza dominada en gran medida por una visión clerical y segregadora, que había apartado al proletariado y a la mujer del acceso a todos los niveles de la enseñanza.
Nacido el 30 de julio de 1898 en Sallent, Barcelona comenzó sus estudios en la Escuela Normal de Magisterio de Barcelona con quince años de edad. ¿Por qué esa decisión tan clara y temprana? Puig escribe en un artículo para “Solidaridad Obrera” que Francisco Ferrer Guardia había sido acogido en casa de sus abuelos maternos y que su padre fue quien presentó al pedagogo racionalista la excelente labor que realizaba el maestro del pueblo. Era lógico que el alumno siguiera los ejemplos de los mayores.
Eduardo Pons Prades afirma que entre 1917 y 1918 Puig Elías fue director de la Escuela Racionalista Galileo y desde 1918 director de la Escuela Racionalista La Farigola, perteneciente al Sindicato Fabril y Textil La Constancia, posteriormente conocida como Escuela Natura. La escuela contó a lo largo de los años con excelentes maestras u maestros como José Alberola Navarro, Nicolás Barrabés (Fortunato Barthé), el poeta Josep Torres Tribó, Gay,Idilia Alloza y Emilia Roca Cufí, compañera de Joan Puig. La Escuela Natura se caracterizaba por su metodología, apoyada tanto en la organización de una colonia escolar como en la elaboración de la revista Natura y con la famosa revista juvenil Floreal.
En octubre de 1936 Puig Elías se integra en el ayuntamiento de Barcelona como Concejal de Cultura y presidente de la Asamblea municipal. Además, fue elegido secretario de organización y propaganda de la Federación Nacional del Sindicato de Enseñanza de la CNT. La obra más conocida del trabajo pedagógico que desarrolló a lo largo de su vida fue el Consejo de la Escuela Nueva Unificada creado mediante Decreto firmado por Lluís Companys el 27 de julio de 1936.
La segunda participación de la CNT en el Gobierno republicano se produjo en abril de 1938, ante la gravedad de las circunstancias y a pesar de las contrariedades, tomó posesión el nuevo titular de Instrucción, Segundo Blanco González. Los temas educativos del ministerio recaen en los hombros de Puig nombrado Subsecretario
En los meses que ejerció sus funciones ministeriales efectúa visitas a las colonias, a las escuelas, organiza la infancia evacuada, atiende la provisión de maestros, procura continuar la labor del Consejo de la Escuela Nueva Unificada, recibe a embajadores, comisiones de maestros y de agrupaciones y a múltiples organizaciones. El 22 de enero de 1939 los organismos oficiales de la república y de la Generalitat son evacuados hasta la frontera, llegando el día 26 las tropas franquistas al mando de Yagüe y Solchaga hasta el Tibidabo.
Como decenas de miles de españoles, Puig fue internado en los miserables campos de concentración al cruzar la frontera con Francia. En palabras de Helios Puig: “Con su hijo mayor, Floreal Puig llegó a Francia y fueron internados en un campo de refugiados. Intelectuales franceses, conociendo su labor en España, entre ellos Edith Piaf, hacen un movimiento para sacarlos afuera y les consiguen una tierra, para trabajar de campesinos. Con el avance de los nazis y el colaboracionismo del gobierno de Vichy se pasan a la clandestinidad. Estuvo con los del D.A.A.T. 1er. Bataillon de Volontaires Espagnols 18 Region (Comandante Santos)”.
La maleta es el símbolo de los exiliados. Con ella cruzan fronteras, atraviesan mares y, en la mayoría de los caminos, quedan en las cunetas, robadas o abandonadas por el cansancio y la pérdida de las fuerzas físicas y de la esperanza. De nuevo, el maestro prepara su maleta siguiendo a Floreal, su hijo mayor, para emprender el exilio americano, instalándose en Venezuela durante un breve tiempo hasta emprender el viaje a Brasil en 1952, a la ciudad de Porto Alegre. Desde ahora su profesión será la de librero, además de dedicarse a la organización y gestión de la Sociedad Española de Socorros Mutuos.
Únicamente tenemos noticias de su ensayo “El hombre, el medio, la sociedad, o los factores determinantes de la conducta del individuo” editado en 1970, dos años antes de fallecer en la ciudad brasileña. Afortunadamente se han recopilado la mayoría de sus discursos e intervenciones en conferencias y actos.
En el cementerio español de Porto Alegre, sufragado por la Sociedad de Socorros Mutuos, podría visitarse un lugar perteneciente a la memoria de todos aquellos que sufrieron la persecución de un régimen dictatorial consentido por el mundo, pero la especulación lo arrasó, con el silencio cómplice de los gobiernos español y brasileño.
Últimas disposiciones en materia de enseñanza
A lo largo de las primeras semanas de 1939, “dentro de los límites que imponen las actuales circunstancias” se publicaron en la Gaceta de la República distintas normas desde el Ministerio de Instrucción que procuraban dar una cierta normalidad ante los trágicos acontecimientos. En ese contexto se entiende la orden que otorgaba la categoría en propiedad de las escuelas nacionales que ocupaban Maestros y Maestras procedentes de cursillos o del grado profesional y que cumplían las condiciones legales; en la misma Gaceta, una orden nombrando a Mercedes Rodrigo Bellido directora del Instituto Nacional de Psicotecnia (Gaceta de la República núm. 21 de 21 de enero de 1939); además, se aprobaron obras en el Instituto de Psicotecnia de Madrid o en el Ausías March de Barcelona; se concedieron becas mensuales para alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza de Guadalajara, de Valdepeñas, de Yecla y alumnos de las Normales de Alicante y Albacete ( Gaceta de la República nº 23, de 23 de enero de 1938)
El ministro Blanco firmó el 15 de febrero de 1939 en Madrid la orden por la que, mientras durase la ausencia del Subsecretario Puig Elías, se hiciera cargo del despacho ordinario de los asuntos y de la firma José Villora Monforte (Gaceta de la República, núm. 47 de jueves 16 de febrero de 1939). Ante la marcha de España del Gobierno, aparecerá en Madrid la publicación de la Gaceta de la República, firmando las órdenes de las denominada Consejería de Instrucción Pública y Sanidad hasta la entrada de los franquistas.
Es muy significativa la medida con la que finaliza la acción normativa de la República de los maestros, tan solo a unos días de la victoria franquista. La Gaceta núm. 80 de 28 de marzo de 1939 publica la orden nombrando maestra propietaria de una de las Escuelas Nacionales de Madrid a doña Otilia Fernández Cidre, hija de D. Arnoldo Fernández Urbano, Coronel Jefe de Organización del Ejército del Centro, víctima del cumplimiento del deber, de acuerdo a la Orden de 28 de Agosto de 1936 (Gaceta de la República del 29). Se trataba de otorgar la categoría de maestra propietaria de la Escuela Nacional de Madrid en la que era propietaria provisional. Se rubricaba la orden por Del Río, director general de primera enseñanza.
Conclusiones
Sin duda, la Orden que establece las instrucciones para organizar la segunda campaña contra el analfabetismo firmada por Puig Elías el 22 de diciembre de 1938, se convirtió en la última de las normas más importantes y simbólicas que en materia educativa dictó la Segunda República.
Pero fueron tantas las actividades educativas desplegadas por las diferentes organizaciones que luchaban por salvar la República, tan distintas en su estructura y origen que continúan ofreciendo un amplio campo para la investigación. En primer lugar, la creación de las Milicias de la Cultura que se hicieron presentes en las trincheras con sus cuadernos, bibliotecas y cartillas; las Brigadas Volantes en una actividad llena de solidaridad. Finalmente, las clases impartidas en los Ateneos Libertarios y por las asociaciones de mujeres como la Agrupación de Mujeres Antifascistas y la de Mujeres Libres. Clases en locales de todo tipo, en hospitales para los soldados convalecientes y, por supuesto, la continuidad mientras las condiciones bélicas lo permitieron en las escuelas nacionales y las colonias escolares para proteger a la infancia.
Se insistía en una metodología específica dirigida a personas adultas y no en la simple adaptación de los métodos y materiales de la enseñanza primaria. De ahí la influencia de la Escuela Nueva y las metodologías más innovadoras, a la vez que se insistió en proporcionar todo el material que se pudiera conseguir a cada una de las aulas.
¿Cómo fue posible que, mientras Cataluña caía en manos franquistas, miles y miles de personas de todas las edades atravesaran en el frío invierno la frontera francesa, mientras en Madrid se producía el enfrentamiento y el coronel Casado trataba de organizar una rendición con concesiones, la República siguiera, al menos sobre el papel, organizando la educación y atendiendo a las necesidades del Magisterio? Solo el amor por la enseñanza y la profesionalidad de quienes día a día trataban de poner todo el empeño de su buen hacer manteniendo a salvo, aunque fuera por unas horas, a una infancia aterrada por las bombas y el hambre, haciendo que las canciones y las lecturas, que los números y los dibujos se instalaran en el ánimo de niños y niñas, y que alfabetizar a la población joven y adulta, en el frente o en retaguardia, se convirtiera en un posible camino para seguir pensando que la utopía sería en algún momento de la Historia una fructífera realidad.
Anexo.- Plan de la segunda campaña contra el analfabetismo
GACETA DE LA REPÚBLICA, Barcelona miércoles 28 de diciembre de 1938, núm 362.
MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y SANIDAD
ORDENES
Ilmo. Sr.: La Orden Ministerial de 8 de Octubre de 1937 (“Gaceta” del día 11) y la Circular de la Dirección general de Primera Enseñanza de 16 de los mismos (“Gaceta” del día 20), dieron las normas e instrucciones necesarias para la organización y desarrollo de la primera campaña nacional contra el analfabetismo. Estimando este Ministerio que la lucha contra la ignorancia en los medios populares debe ser, no solo continuada, sino incrementada en lo posible, he decidido que la segunda campaña nacional contra el analfabetismo se desarrolle en el presente año con arregla a las normas siguientes:
1.ª Las clases de enseñanza de adultos y la campaña de lucha contra el analfabetismo se desarrollarán en el presente curso desde el primero de Enero al 31 de Mayo.
2.ª Las inspecciones provinciales determinarán las clases para adultos que han de funcionar en cada localidad, de acuerdo con las disposiciones vigentes para estas clases, teniendo en cuenta el número de maestros y maestras nacionales y el número de adultos que se inscriban para asistir a las mismas.
3.ª Allí donde haya varios maestros nacionales, unos se encargarán de las clases para adultos que, sabiendo leer y escribir, deseen completar o ampliar su instrucción elemental, y otros de las clases que se organicen exclusivamente para analfabetos.
4.ª Donde no haya maestros nacionales o su número sea insuficiente para llenar las exigencias de la localidad en este respecto, se nombrarán individuos de las Brigadas volantes con las garantías, funciones y emolumentos que determina la Circular de la Dirección general de Primera Enseñanza de 28 de Septiembre de 1937 (“Gaceta” del día 30), salvo en lo que se refiere a la edad mínima necesaria para ingresar en las mencionadas Brigadas, que será la de dieciséis años, como dispone la Orden de la Dirección general de 16 de Octubre de 1937 (“Gaceta” del día 20)
5.ª Aconsejando la experiencia y las presentes circunstancias una mayor flexibilidad en cuanto al nombramiento de los elementos de las Brigadas de lucha contra el analfabetismo, se descentraliza el concurso abierto para el ingreso en ellas, abriéndose un concurso en cada provincia. Los aspirantes deberán dirigir sus solicitudes al Director provincial de Primera enseñanza donde este cargo exista, o, en su defecto, al Inspector-Jefe de Primera Enseñanza, quien hará su nombramiento y destino oyendo al Inspector especial encargado de este servicio a que se refiere el punto siguiente.
6.ª Las clases ordinarias para adultos serán controladas en cada Zona por el Inspector correspondiente. Las clases para analfabetos, ya estén a cargo de maestros nacionales o de individuos de las Brigadas volantes, serán controladas por un Inspector especialmente adscrito a este servicio.
7.ª Los nombramientos de elementos de las Brigadas volantes serán comunicados inmediatamente a la Dirección general de Primera Enseñanza, así como los ceses que por cualquier causa ocurran.
8.ª Los elementos de las Brigadas volantes y los maestros nacionales encargados de clases para analfabetos deberán figurar en nómina distinta a la de los maestros y maestras encargados de las clases ordinarias para adultos.
9.ª Tanto el número de clases para adultos como el de las que se organicen exclusivamente para analfabetos no deberá superior, en cada provincia, al de las que funcionaron en el pasado curso, salvo autorización especial de la Dirección general de Primera Enseñanza.
10. En los demás puntos de detalla que no son objeto de modificación por la presente Orden, las autoridades provinciales se atendrán a las disposiciones ya citadas que rigieron para la primera campaña contra el analfabetismo.
11. La Dirección general de Primera Enseñanza dictará las disposiciones complementarias que el desenvolvimiento de estas enseñanzas haga necesarias para su mayor eficacia.
Lo digo a V. I. para su conocimiento y demás efectos.
Barcelona, 22 de Diciembre de 1938.
P.D.,
J. PUIG ELIAS
Ilmo. Sr. Director general de Primera Enseñanza.
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Viñao Fraga, Antonio. “Analfabetismo y alfabetización” en Jean Louis Guereña, Julio Ruiz Berrio, Alejandro Tiana (eds.) Historia de la educación en la España contemporánea. Diez años de investigación (1983-1993), CIDE, Madrid, 1994.
El periodista Joaquín Montero y el Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública Joan Puig Elías.


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